Roxanne Meyers
Leí cada mensaje que Salvatore envió a mi teléfono. Cada uno me confundía más, porque, aunque deseaba estar con él, su maldita profesión de mafioso y sus manos manchadas de sangre no eran lo que quería para mi vida, y mucho menos para mi hijo.
Entonces llegué a una conclusión: Roxanne Meyers debía desaparecer, de cualquier manera, en cualquier forma, desde cualquier lugar.
Desde la mecedora que había comprado para mi casa, observaba todos los días a aquel hombre misterioso que ll