Roxanne Meyers
Después de que el helicóptero nos sacó del territorio de Salvatore, llegamos a un aeropuerto privado, perdido en medio de la nada, como todo lo que parecía rodear la vida de los mafiosos. Allí abordamos un elegante jet privado, pequeño y discreto, diseñado solo para unas cuantas personas. Sentí un extraño alivio al no estar rodeada por la constante presencia de los guardaespaldas. Era como si, por primera vez en mucho tiempo, pudiese respirar algo que se asemejara a la normalidad