Terminamos de desayunar, y me levanté de la barra.
—Gracias, Gloríe. Estaba rico.
—Hoy no me hizo probar la comida —dijo Gloríe, haciendo hincapié en mis locuras. Roxanne me miró confundida.
—¿Cómo así que probar la comida?
Gloríe la miró y le sonrió con complicidad.
—Es que el señor no confía en absolutamente nadie, entonces piensa que yo, que cambié sus pañales y lo crie como si fuera su madre, voy a envenenarlo —explicó Gloríe, mientras me miraba y apenas esbozaba una mínima sonrisa.
—Nunca