Salvatore Gianluca
Al salir de la habitación de Roxanne, suspiré como si estuviera enamorado. La noche a su lado había sido espectacular, un placer que llevaba impregnado en la piel. Pero mi realidad es otra, dura y sin margen para la debilidad; no puedo amar a Roxanne, ni siquiera permitirme quererla. Ese sería mi declive.
De vuelta en mi habitación, me duché rápidamente. El agua que recorría mi cuerpo traía a mi mente el aroma y el sabor de Roxanne, y una punzada de deseo se mezclaba con algo