Salvatore Gianluca
—¡Hablé! —grité al médico, apuntándole con el arma, presionando el gatillo con fuerza, apenas conteniendo el impulso de disparar. El pobre imbécil temblaba sin poder articular palabra. Mis ojos se clavaron en los suyos, amenazandolo, como si con mi mirada pudiera fulminarlo, y ganas no me faltaban, era un imbecil, ¡Un inepto!
—Señor... cometí un error... discúlpeme, perdóneme, por favor.
Roxanne se levantó de la camilla y se puso a mi lado, señalando al médico también.
—Habl