Roxanne Meyers
Golpeé el suelo con el pie como una niña caprichosa, frustrada por lo que Salvatore me obligaba a hacer. ¿Acaso todo en mi vida ahora debía ser según sus órdenes? Hasta para comer o descansar me imponía sus reglas. Quería escapar de ese lugar maldito, pero había motivos que me lo impedían: uno, el absurdo y traicionero gusto que empezaba a sentir por mi captor, y dos, la amenaza constante de Renato Mackenzie sobre mí, que no me dejaba opciones.
Suspiré, resignada. Decidida a busc