No es una amenaza, es una advertencia.
Al abrir la puerta de su oficina, Damián se encontró con Kevin sentado frente a su escritorio, y se acercó lentamente.
—Tenía que imaginar que estarías en el país cuando vi a tu novia ayer—, le dijo con un tono de desaprobación, y Kevin, con la mirada perdida, se dio la vuelta lentamente, revelando sus ojeras.
—¡Ufff!, definitivamente Brasil no te asentó bien —, comentó Damián, chasqueando la lengua.
Kevin intentó sonreír, pero sus labios apenas se movieron.
—Sé que debes estar enfadado porque