Fiesta violenta.
La noche avanzaba y ellos estaban hablando y riendo como es su costumbre cuando están de buenas. En un momento, un hombre que Aylin claramente conocía se acercó a su mesa.
—Doctora Mujica, es un grato placer verla aquí, junto a un empresario tan distinguido como el señor Zadoglu —, dijo el individuo, estrechando la mano de Damián y luego extendiéndola hacia ella.
Ella vaciló, pero para no pasar por mal educada, terminó dándole la mano. Él le dio un beso en el dorso de la misma, lo que incomodó