Solo por qué te odio.
—¡Baja esa pistola! Sabes que si disparas, no saldrás vivo de aquí—, le sugirió Damián con calma fingida. Sin embargo, Darío, completamente desquiciado, negó con la cabeza.
—¡Me da igual! —, le contestó, dejando estupefacto a Tadeo, quien lo miró con expresión desconcertada.
—¿Qué? —, exclamó Tadeo, totalmente asombrado.
—Me prometiste que estarías conmigo hasta la muerte—, la voz de Darío temblaba de rabia y resentimiento mientras seguía hablando, —espero que cumplas esa promesa porque nuest