59| Como nace un monstruo.
Clarissa tenía sed, era lo que más la estaba atormentando, más que la incomodidad en la que estaba, el frio por la brisa fresca o las manos entumecidas por las cuerdas que la tenían amarrada a la silla.
Le pareció que había pasado por lo menos una semana desde que ese grupo de hombres la había metido en el auto y le habían puesto una capucha en la cabeza, pero no pudo haber sido más de un día.
Estaba en la parte más alta de un edificio en construcción a las afueras de la ciudad, y cuando le qui