Analisse
Estaba escéptica, sin saber qué decir. La señora no dejaba de mirarme, con una expresión que mezclaba curiosidad, desconfianza y quizás algo de juicio. Tal vez no creía la mentira de su hijo. Y quién le creería a un estúpido que, de la nada, había decidido decir algo así justo hoy.
Me sostuvo la mirada con intensidad, mientras yo trataba de disimular, aparentar seguridad. Entonces, con un gesto irónico y voz firme, me dijo:
—¿Desde cuándo tú y mi hijo tienen una relación de la que yo,