MILA
Estoy aquí, en este sótano oscuro y frío, rodeada de paredes de piedra que parecen absorber cualquier rastro de calor. El aire está cargado de humedad y puedo sentir el frío calándome profundamente en los huesos. Frente a mí, mis escoltas están arrodillados, con la cabeza gacha y una expresión de derrota en sus rostros. Me siento culpable, terriblemente culpable. Esto es culpa mía. Si no hubiera sido tan imprudente, si no hubiera confiado en la persona equivocada, mis escoltas no estarían