—¡Es suficiente! No quiero seguir escuchando tus estupideces! —me levanté, pero Luke me tomó del brazo y, esta vez, lo vi muy serio.
—Claro que me tendrás que escuchar. Después de esto, si quieres, puedes seguir odiándome —me senté y solté un suspiro—. Sí, así como lo escuchas. Yo conocí a tu padre desde hace mucho tiempo. Cuando era tan solo un niño asustado por los maltratos de mis padres biológicos, sufrí tanto emocional como físicamente por culpa de esos desgraciados. Tu padre me rescató de