Luke y Amanda llegaron a la capilla, un lugar tan mágico que parecía sacado de un cuento. Estaba decorada con flores de todos los colores: lilas, rosas, blancas, y hasta girasoles, que le daban un toque alegre y único. Los vitrales dejaban entrar rayos de luz que iluminaban el lugar con tonalidades cálidas y vibrantes. A lo lejos se veía a los invitados, rostros familiares que sonreían emocionados, algunos sosteniendo pequeños ramos o pañuelos para contener las lágrimas. Allí estaban Kev, Donna