**ELENA**
El traqueteo rítmico y metálico del vagón privado me arrancó de golpe del letargo, como si cayera en picada desde un abismo. Mis ojos se abrieron de par en par, encontrándose con el techo de madera de nogal barnizada, donde las lámparas de latón oscilaban suavemente al compás del tren en marcha. La penumbra del compartimento, apenas rota por la tenue luz grisácea del amanecer que se colaba entre las persianas de madera, añadía un aire de misterio al ambiente.
“No estoy en la colina. N