**DAMIAN**
Me abroché el abrigo de cachemira con una fijeza meticulosa, asesina. Tomé el arma que descansaba en el cajón doble de mi escritorio y la guardé en el bolsillo interior, sintiendo el peso del metal como el único lenguaje que la colina alta iba a entender antes del anochecer.
—Prepara los vehículos pesados —ordené, caminando hacia la salida con pasos destructivos que resonaron en todo el piso corporativo—. No vamos a negociar con abogados esta vez. Si Adrián quiere jugar a las estrate