**ELENA**
La quietud de la noche montañosa se tragó el rugido del motor del tren cuando el convoy privado finalmente se detuvo en el andén de piedra de la propiedad fronteriza. Las luces del exterior, sutiles y ocultas entre la maleza, iluminaban los muros de piedra rústica de una fortaleza disfrazada de chalet alpino. Me mantuve firme junto a la puerta del vagón, observando cómo dos enfermeros con uniformes sin identificación bajaban a mi tío Gabriel en su camilla, seguidos por una tía Alicia