**DAMIAN**
El silencio se volvió espeso, cargado de miedo. Los criados bajaron la mirada, conscientes de que la orden era definitiva. Me acerqué a Elena, atrapándola por la nuca con mi mano caliente, hundiendo las falanges en su piel con una firmeza implacable que anuló cualquier amago de retirada. Su cercanía, cargada con el aroma a jazmín de su sumisión voluntaria, desató esa corriente eléctrica que siempre saboteaba mi control corporativo. Incliné mi boca hasta rozar el lóbulo de su oreja, d