**DAMIAN**
Levantó sus manos calientes con una lentitud calculada, una sinestesia cruda de pudor destruido que me erizó la piel, y desarmó mis falanges del arma para depositarlas directamente sobre el relieve de su vientre. El contacto me arrancó un gemido ahogado que mi orgullo intentó sepultar en la penumbra. El frenesí indomable de su sumisión voluntaria, ese cambio amoroso que me venía descolocando los números desde la villa, me encendió las entrañas con un fuego negro, posesivo.
—Odiabas q