96. LA REINA LILITH
Me detengo frente al castillo de mi nieto, tratando infructuosamente de entrar. Todos sus poderes le fueron quitados cuando desobedeció al Creador y dejó al hombre tranquilo. Fueron repartidos entre los hijos nacidos que no alcanzaron la maldición por completo; aunque no tenían la necesidad de consumir sangre para sobrevivir cada día, aun así, su poder se mantuvo al robar de los demonios con los que se acostaba, sus fuerzas y habilidades.
De todos los hijos que tuve, decidí quedarme sólo con