59. PADRE KENAI
EL PRÍNCIPE:
Kenai entrecerró los ojos, como si estuviera recordando algo que no deseaba traer a la superficie. Su postura, tensa como un arco a punto de romperse, demostraba que cada palabra que iba a decir le pesaba más de lo que quería admitir.
—Te vi cuando te seguía a las mazmorras. Quería pedirte a ti que le dieras una gota de sangre a mi hijo —dijo con sinceridad, sosteniendo mi mirada—. Sé que tú puedes hacer que despierte.
—¿Es mi hermano? —pregunté directamente.
—No lo creo, sol