58. EL RAPTO
EL PRÍNCIPE:
Un gruñido escapó de mis labios. La voz de mi Sol era lo único que mantenía mis poderes bajo control. Sus palabras, suaves y temerosas, eran como cadenas que me sujetaban al filo del autocontrol. A pesar de ello, mi mirada seguía fija en el ser frente a mí. Estaba acorralado, respirando entrecortadamente y encorvado en una postura de defensa.
—Mi hijo está dormido y no despierta —contestó, inclinándose—. Me dijeron que tu sangre puede ayudar a despertarlo. Por favor, es únicament