188. RESOLVIENDO EL PROBLEMA
SIRIUS:
Cierro los ojos, respiro hondo y permito que la calma me llene. Una corriente que nos une más allá de la sangre me inunda. Con todo su carácter tempestuoso, sigue estando ahí, uniéndonos.
—Sí, sígueme —le pido, tomando su brazo y mirando a mi esposa—. Alis, querida, si me demoro, no te asustes; estaré ayudando a mi hermano con su problema.
—Sí, creo que me acabo de dar cuenta cuál es el problema de mi cuñado —contesta mi hermosa esposa, riendo—. Vete, no te preocupes; creo que invitaré a mi cuñada Sol a visitarme para tomar el té.
—¿A mi Sol? ¿La invitarás? —pregunta Arni, deteniéndose de pronto y soltándose de mi agarre.
—Sí, pienso que, si converso con ella, puede que te ayude con el problema, cuñado —Alis sigue sonriendo picaramente.
El príncipe, digo mi hermano, ahora emperador de los Tres Mundos, se detiene sonriente, sugiriendo que mejor nos quedáramos si Sol iba a venir. Alis la convencería y todo su problema estaría resuelto. Me niego en el momento, agregando que