188. RESOLVIENDO EL PROBLEMA
SIRIUS:
Cierro los ojos, respiro hondo y permito que la calma me llene. Una corriente que nos une más allá de la sangre me inunda. Con todo su carácter tempestuoso, sigue estando ahí, uniéndonos.
—Sí, sígueme —le pido, tomando su brazo y mirando a mi esposa—. Alis, querida, si me demoro, no te asustes; estaré ayudando a mi hermano con su problema.
—Sí, creo que me acabo de dar cuenta cuál es el problema de mi cuñado —contesta mi hermosa esposa, riendo—. Vete, no te preocupes; creo que invitar