135. LA AUSENCIA DEL PRÍNCIPE
La reina tomó mis manos, mirando a Sol con su expresión imperturbable, aunque los pensamientos que la rondaban probablemente iban mucho más allá de lo que cualquiera podía imaginar. Yo, en cambio, observé con detenimiento a mi nieta. La sangre de AL se reflejaba en cada gesto: el fuego brillando debajo de su piel, la fuerza indomable de su espíritu. Había llamas en su alma que podría consumir mundos si quisiera.
Al ver a Azariel me encontré de pronto en una encrucijada. había crecido en el mundo humano muy bien, más fuerte y saludable que en mi reino de fuego. Sería una buena pareja para Sol.
—Muchas gracias —contestó Sol sonriente, por alguna razón aquel capitán le había caído muy bien, por ello le tendió la mano, que él tomó presuroso y la ayudó a descender— ¿Capitán ha dicho?
—Sí, su majestad, a su servicio —volvió a inclinarse Azariel ante nosotros. —Sus majestades, los esperan en el salón del trono.
—Condúcenos entonces —le pedí de inmediato.
No se me había escapado la at