135. LA AUSENCIA DEL PRÍNCIPE
La reina tomó mis manos, mirando a Sol con su expresión imperturbable, aunque los pensamientos que la rondaban probablemente iban mucho más allá de lo que cualquiera podía imaginar. Yo, en cambio, observé con detenimiento a mi nieta. La sangre de AL se reflejaba en cada gesto: el fuego brillando debajo de su piel, la fuerza indomable de su espíritu. Había llamas en su alma que podría consumir mundos si quisiera.
Al ver a Azariel me encontré de pronto en una encrucijada. había crecido en el mu