136. LOS GATOS EN EL PALACIO
SOL:
La joven asintió con cautela, pero sin ocultar su asombro mientras observaba al gato, que había cerrado los ojos en total calma. Aquella frase hizo que la piel se me erizara. Miré al animal en mis manos, cuyos ojos brillaban con un rojo casi hipnótico que parecía ver más allá de mi existencia.
—Sí, esos gatos parecen entender lo que hablamos —dijo la doncella, mirando a los animales con un recelo que comenzaba a ser evidente en su expresión.
—¿Por qué lo dices? —pregunté, intrigada, aunque para mí aquellos gatos parecían simplemente adorables y normales.
—Es que se quedan mirando fijamente a uno, y a veces te gruñen... sobre todo si hablamos de la enfermedad del príncipe —susurró la doncella, bajando la voz como si temiera que los mismos gatos la escucharan.
De inmediato, algo en esa confesión aceleró los latidos de mi corazón. ¿Qué enfermedad tan terrible podría tener el príncipe que no me dejaban verlo?
—¿El príncipe está muy enfermo? —pregunté con rapidez, dejando entrever mi