ALEXEI
—Barnes —digo, cruzando los brazos—, ¿qué sabes tú? —Levanto el dedo—. Y sin tonterías.
Estamos en la estación de policía y estoy sentado en la sala de interrogatorios con Lev y Luk, los tres frente al detective Barnes.
Todo esto pretende parecer como si nos estuviera interrogando, pero en realidad es al revés.
Ya está sudando, mirándonos nerviosamente. Conozco bien a Barnes; está en nuestra nómina. Y su ayuda fue invaluable durante la guerra contra el Cártel de Molina. Pero noto que se siente incómodo con el calor de este caso.
Se tira del cuello, como si de repente la habitación estuviera demasiado cálida.
Te lo dije, Alexei. Tengo las manos atadas. Este tiroteo es muy publicitado. Todas las miradas están puestas en él. No es como los casos habituales en los que puedo ayudar.
—Ayudas porque te pagamos para que ayudes—, interrumpe Luk. —Esto no cambia porque alguien te ponga nervioso—.
Lev sonríe con suficiencia y niega con la cabeza. —¿Crees que nos importa el FBI?—
Barnes s