Dejé el vaso de agua en la encimera, mirando al frente, intentando decidir qué demonios hacer. El sueño era bonito, pero nunca podría serlo. Mi vida ahora mismo parece un juego de Jenga, y cada movimiento amenaza con derrumbarlo todo.
Un leve golpe en el vientre, como una burbuja que estalla por dentro, me sobresalta. Me llevo la mano al estómago, con los ojos abiertos de par en par.
Mierda. Fue una pasada.
Me quedo completamente quieto, conteniendo la respiración. Ahí está otra vez. Otra patad