Melor
—Suelta el arma, ahora mismo.—
La voz del hombre es temblorosa, pero intenta sonar autoritaria. Mis ojos están fijos en él y en Amelia, a quien usa como escudo humano. No sé el nombre de este hombre, ni el de aquel cuya sangre aún se acumula en el suelo de mi cocina. No importa. Cometieron el error de entrar en mi casa y amenazarme, y peor aún, de amenazarla a ella.
Puedo ver la desesperación invadiendo los ojos del hombre, la lenta comprensión de que las cosas no están saliendo según lo planeado. Su objetivo original podría haber sido la venganza, pero ahora solo quiere salir de allí con vida.
—¿Crees que te tengo miedo?—, espeta el hombre, presionando su arma contra la garganta de Amelia, haciéndola estremecer. Puedo ver el miedo en sus ojos y se me encoge el corazón. —La mataré aquí mismo, y disfrutaré viéndote retorcerte antes de meterte una bala entre los ojos—.
Siento la familiar oleada de rabia, una ira oscura y profunda que amenaza con consumirme. Quiero destrozar a este