Melor
El timbre de la puerta principal resuena por toda la casa, pero no tengo ganas de compañía. Quienquiera que sea puede esperar o, mejor aún, irse.
De camino, me veo reflejado en el espejo. Hombros anchos, músculos definidos y un cuerpo aún en forma. Las cicatrices cuentan historias que no me interesa revivir: una en mi costado, de una pelea con cuchillos en Moscú; otra en mi brazo, una bala que pasó demasiado cerca. Los tatuajes de la Bratva grabados en mi piel son un recordatorio permanen