Amelia
Nos faltan huevos, necesitamos más mantequilla y tengo que llamar a Tony más tarde por el pedido de azúcar; nos faltó la última vez. Ah, y no olvides que tenemos que revisar bien el inventario de levadura antes de que llegue la fiebre del Día de Acción de Gracias.
La miro parpadeando. —¿Cómo lo haces? Eres como una calculadora humana—.
Se encoge de hombros como si no fuera para tanto, y entonces me doy cuenta de que lleva dos enormes bolsas de harina. Me quedo boquiabierta y corro hacia ella, quitándole las bolsas de los brazos antes de que siquiera se le ocurra protestar.
—C, ¿qué demonios? ¿Estás a punto de reventar y estás aquí jugando a ser Hulk con estas bolsas de harina? Tienes suerte de que no llame a David y lo delate.
—Claro que sí —digo, dejando la harina—. Nada de levantar objetos pesados, ¿entiendes? Me da igual que te sientas como la Mujer Maravilla.
Nos dirigimos a la entrada y Claire se toma un momento para admirar los pasteles. —Qué buena pinta tienen, Amelia. L