Amelia
El día finalmente está llegando a su fin.
Son las 3:30, y los últimos clientes de la tarde ya se han ido, dejando la panadería en silencio, salvo por el zumbido de los hornos. Estoy agotado, pero es el mejor cansancio. Ese en el que sabes que lo has logrado.
Ahora llega una de mis partes favoritas del día: reunir lo que sobra para Santa Marta, el refugio para mujeres a un par de cuadras. Se ha convertido en mi estilo, donar lo que no vendemos. El único problema hoy es que hemos vendido t