El ascensor se detiene con un suspiro hidráulico.
Las puertas se abren.
Y ahí están.
Dos hombres apoyados en la barandilla del nivel inferior del casino, inmóviles, vigilantes. No fingen ser clientes. No fingen nada. Sus miradas barren el espacio con precisión militar, deteniéndose apenas una fracción de segundo más cuando nos ven salir.
El cuerpo de Anatoly se tensa a mi lado.
Su mano roza mi espalda baja, apenas un contacto, pero cargado de intención. *Avanza*, me dice sin palabras. *No te qu