Reconocimiento. Respeto. La sonrisa de Nico es infantil, escalofriante. En la primera reunión, mañana, me trata como a un igual. En la segunda, me trata como a un heredero, cediéndole todos los derechos sobre todo lo que tiene tras su muerte. En la tercera, bueno, ya veremos si hay una tercera.
Se encoge de hombros. «Las mujeres tienen su lugar. Sobre todo las viudas que necesitan consuelo».
El asco me revuelve el estómago. «Tu padre sigue vivo».
—Por ahora—, dice con despreocupación, —pero el