Pequeña victoria. Enormes posibilidades.
Bebo un sorbo de agua. La aspirina baja sin protestar. El muelle del colchón permanece en mi palma, frágil pero esperanzador. Pruebo el manguito suelto. Sigue ajustado, pero ya puedo girar la muñeca.
Afuera, el cielo está completamente negro. No hay farolas que iluminen esa ventana pintada, solo el resplandor lejano de la ciudad que amo en el horizonte lejano.
Me acaricio la barriga. —Aguanta, frijolito. Viene papá. Y está cabreado—.
Abram
Las Vegas pasa