Ocho meses después…
Tú puedes. Solo respira, despacio y con calma.
Los dedos de Kat me aprietan como un torno, y me estremezco. He lidiado con tiroteos, emboscadas y negociaciones de alto riesgo sin despeinarme, pero verla dar a luz me deja sin aliento.
Ella gira la cabeza, con los ojos encendidos a pesar del cansancio.
—Pavel —dice entre contracciones—. Te quiero muchísimo, pero si me dices que respire una vez más, te juro...
Las enfermeras en la habitación son infinitamente más tranquilas que