Un mesero puso en mis manos una copa de costoso champagne, mientras mi padre reía con humor, ya ebrio y sin modales.
—“¡Estoy bebiendo las estrellas!” —citó entre risas—. ¡Dios, qué humor tenía el creador de esta majestuosa bebida! ¡Y no se equivocó, es exquisita!
Le dio otro sorbo, sus mejillas estaba ya rojas, tanto como la cara de su bella esposa. Pero ella no lo miraba a él, sino al atractivo hombre joven frente a ella, aquel que tomaba mi brazo, quien hacia pocos minutos se había corri