Aun cuando ella se fue y cerró la puerta a sus espaldas, yo permanecí de pie en el interior, mirando a la nada, con la mente hecha un torbellino de pensamientos. Solo me moví cuando escuché a alguien más entrar y llamarme.
—Caramel, ¿qué haces aquí?
Me giré y vi a mi prometido a los ojos. Comencé a sentir esa rabia reprimida emerger.
—¿Por qué lo hiciste? —le pregunté acercándome a él—. ¡¿Por qué le hiciste creer a Rafael que tú y yo estuvimos juntos en el extranjero!
La expresión de Gustav