—Pero supongo que no estás aquí para hablar sobre esta chica, ¿me equivoco?
Isabela desplazó la mirada hacia él, y sonrió un poco. No era nada amigable, parecía apenas estar conteniendo su ira.
—Es verdad. Como dije, quiero resolver lo de anoche. Aunque, veo que no sufrías por mí, como yo por ti Rafael.
El señor Riva alzó una ceja.
—¿Sufrías por mí? Dime algo creíble, Isabela.
Ella apretó los labios y me señaló con un gesto.
—Quiero hablar solo contigo. Dile que se vaya.
Él le sostuvo la