DESCUBREME

Al llegar a nosotros, Isabela miró a Alan y le hizo un gesto poco educado.

—Vete. Déjanos hablar a solas.

Alan vaciló, aun tomando mi brazo.

—Señora, yo quisiera...

Ella apretó los labios y lo miró con molestia. Entonces yo zafé mi brazo del suyo con delicadeza y le sonreí.

—No tienes que quedarte. Nos vemos más tarde.

Isabela esperó hasta que Alan se dio la vuelta y se alejó, en dirección a la mansión, donde lo esperaba su hermana. Cuando entró y dejamos de verlo, Isabela exhaló y mirand
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