Durante los últimos días, nuestra relación había sido una agitada tormenta, y yo no sabía cómo concluiría. Me había roto cuando esa noche, después de verla en ese restaurante, mi esposo en un estado de ebriedad me confesó que aun la amaba. Y terminé de romperme cuando a la noche siguiente no llegó a la cena que habíamos planeado juntos y se quedó con ella.
—Te amo, Susan —me repitió, sujetándome el rostro con las dos manos.
En sus ojos, no cabía la menor duda. Su mirada era un gris océano tr