Nora me empujó fuera de la casa y me arrastró por las escalinatas de la casa, donde me arrojó y yo estuve a punto de caer al suelo. La tarde se había llenado de nubes, parecía a punto de llover.
—Puedes irte, de hecho, no podría importarme menos.
Con una mano en mi vientre y partiéndome de dolor, alcé los ojos hacía ella. Las piernas comenzaban a fallarme, respiraba rápido y mi vista se volvía difusa.
—Nora... Te lo ruego, solo por... esta vez... ayúdame... Mis bebés...
Desde la parte su