Dorian sostuvo con delicadeza la mano de Somali entre las suyas, en lo que sus dedos rozaban suavemente la piel cálida de la joven antes de inclinarse y depositar un beso sobre el dorso de su mano. El gesto era íntimo, inundado de una ternura que contrastaba con la intensidad de su conversación. Luego, sin apartar su mirada de los ojos de Somali, le habló con voz pausada y profunda, como si cada palabra que pronunciaba llevara el peso de algo verdaderamente importante.
—Ahora necesito que me di