—No vuelvas a hacer esto, Somali —impuso Dorian con una firmeza que no dejaba espacio a réplica inmediata—. Si no quieres que me vea obligado a encerrarte, no sigas planeando cosas de este tipo. No lo voy a permitir.
Somali alzó el rostro lentamente, clavando sus ojos en los suyos. La incredulidad se reflejó primero en su expresión, seguida de rabia y dolor.
—¿Encerrarme? —resaltó—. ¿Es esa tu solución? ¿Amenazarme con encierro porque quiero salvar a mi hijo? ¿Porque busco una alternativa?
Dori