Habían pasado ya algunos días desde el enfrentamiento final, pero la calma no llegaba del todo a la manada. A pesar del triunfo, las secuelas físicas del combate aún eran visibles. Muchos lobos estaban heridos; algunos de forma superficial, otros con lesiones más graves que requerían atención constante.
Por suerte, sus cuerpos se regeneraban con rapidez, pero incluso con esa ventaja natural, las heridas profundas necesitaban tiempo para cerrarse por completo. Zeira, la doctora, se había manteni