Somali observaba en silencio desde una colina cercana, donde el terreno se perdía entre malezas y árboles secos. La zona en la que se encontraba era solitaria, alejada de la ciudad y del ruido de la vida humana. No había señales de viviendas, ni rastro de tránsito. Sólo ese edificio gris, de estructura sencilla y aspecto industrial, que se alzaba como una sombra en medio de la nada: uno de los tantos laboratorios secretos de los humanos. No era subterráneo como el principal, pero sí estaba cust