C112: Sigo siendo débil.
Sintió que el estómago se le revolvía, como si una presión invisible le apretara las entrañas. Empezó a tener arcadas, una tras otra, intentando sofocar el impulso de vomitar. Se cubrió la boca, apretando los dientes, tratando de contenerse. No era debilidad, no era compasión por el enemigo: era trauma, puro y vívido, despertando con una fuerza tan intensa que casi la derriba. El olor, el ambiente cerrado, los gruñidos… Todo era un eco del pasado que la había marcado con cicatrices invisibles.