—Anna, te he estado llamando. ¿Por qué me estás evadiendo? —preguntó Alexey, claramente alterado—. No me gusta que me ignoren.
—Y a mí no me gusta que me retengas en contra de mi voluntad —replicó Anna con firmeza—. ¿Qué quieres? Y, ¿por qué me metiste aquí, en las escaleras de seguridad? Habla.
Anna estaba visiblemente molesta. Si no había contestado las llamadas ni los mensajes de Alexey, era por una razón clara: no quería hablar con él, y mucho menos tener algún tipo de relación romántica. A