Anna se tensó, y su mente recreó una multitud de escenas mientras dejaba a Lía en su casita. Sacudió la cabeza, tratando de despejar esos pensamientos.
—No va a suceder, yo no lo voy a permitir—, murmuró con rabia.
Cuando llegó al baño, abrió la puerta con violencia.
—Mikhail, no estoy de humor, créeme, y las cosas no se dan cuando tú lo quieras. Lo mejor será que busques con quién desahogar tu necesidad sexual —, disparó Anna, cortante y llena de frustración.
—Estás muy ansiosa por tener