—A nada, solo disfruto de mi desayuno. Es normal que los amargados no sepan apreciar las cosas.
Las facciones de Mikhail se endurecieron. Aunque se esforzaba por mantener su frialdad, su mirada se suavizó por un momento, fascinado por la naturalidad de Anna y el calor que traía a la fría atmósfera de la casa.
—Sabes qué, comeré. Dame un poco — pidió desafiante.
Anna, con una sonrisa burlona, se acercó a él con la intención de darle el trozo de panqueque en la boca, pero cuando sus dedos r