Mikhail, con un movimiento suave pero decidido, giró la cabeza.
El rechazo fue un golpe al alma de María, que se quedó congelada, con su boca a centímetros de la mejilla de Mikhail, sintiendo cómo la vergüenza y la rabia hervían dentro de ella.
—No sé qué te tiene molesto, pero si es la influencia de esa mujer, déjame decirte que cuando se fue hace años, me pidió una suma exorbitante de dinero. Solo eso significas para ella —soltó, quebrada por la rabia, levantándose bruscamente en un intento d